El palacio más importante de la Burgos del siglo XV
El Burgos del siglo XV era una ciudad en el apogeo de su prosperidad: primer mercado lanero de la Península, encrucijada del comercio europeo y sede de una corte que los reyes visitaban con frecuencia. En ese contexto de riqueza y ambición, las grandes familias de la ciudad construyeron palacios que querían reflejar su poder y su categoría. Ninguno lo hizo con tanta convicción como los Velasco, Condestables de Castilla, una de las dignidades más altas del reino.
La Casa del Cordón —nombre popular del Palacio de los Condestables de Castilla — se comenzó a construir hacia 1476 por deseo de don Pedro Fernández de Velasco y su esposa doña Mencía de Mendoza y Figueroa. La familia ya tenía una residencia en la calle Cantarranas (la actual calle de San Lorenzo), pero la consideraban insuficiente para la dignidad de su posición. El nuevo palacio debía estar a la altura de la máxima autoridad política del reino después del rey.
Para construirlo recurrieron al prestigioso taller de los Colonia, vinculado especialmente a Simón de Colonia. El mismo Juan de Colonia había añadido las agujas caladas a las torres de la Catedral de Burgos, transformando su silueta con el perfil que hoy define la imagen de la ciudad. Simón, por su parte, fue el autor de la Capilla de los Condestables en la propia Catedral, el espacio funerario de la misma familia. Los Velasco construyeron en Burgos un legado arquitectónico que incluye algunas de las piezas más importantes del gótico castellano tardío.
El cordón que da nombre al palacio
El sobrenombre popular del palacio viene del elemento más característico de su portada: un grueso cordón franciscano esculpido en piedra que rodea el arco de la puerta principal, enmarcando los blasones de los linajes Velasco y Mendoza-Figueroa, acompañados por el escudo real. El cordón franciscano era un símbolo de devoción a la orden de San Francisco y era frecuente en la heráldica y la decoración de edificios religiosos y nobiliarios del siglo XV. Pero en la portada de este palacio alcanzó una escala y una presencia tan dominantes que terminó siendo el rasgo definitorio del edificio entero.
Sobre la portada, una inscripción en castellano medieval recuerda a sus promotores sin ambigüedad: "Esta casa mandaron facer don Pedro Fernandez de Belasco e donna Mencia de Mendoça segundos condes de Haro". La inscripción está tallada directamente en la piedra de la fachada y puede leerse hoy con facilidad desde la plaza.
1497: los Reyes Católicos reciben a Cristóbal Colón
El acontecimiento más conocido ligado a la Casa del Cordón es la recepción de Cristóbal Colón por los Reyes Católicos en 1497, a su regreso del segundo viaje a América. La corte estaba en Burgos en ese momento, instalada en el palacio de los Condestables, y fue aquí donde el almirante presentó a Isabel y Fernando el fruto de la expedición: oro, especias, papagayos y varias personas indígenas que había traído de las nuevas tierras.
El segundo viaje de Colón (1493–1496) había sido mucho más ambicioso que el primero: con diecisiete naves y más de mil hombres, había explorado las Antillas Menores, Puerto Rico, Jamaica y la costa norte de Cuba, y había intentado —con resultados desiguales— establecer una colonia permanente en La Española. Las noticias que trajo eran contradictorias: había enormes riquezas posibles, pero también enormes dificultades. La audiencia en la Casa del Cordón fue el escenario en que los reyes tuvieron que decidir cómo responder a esa realidad compleja. Optaron por financiar un tercer viaje.
La conexión entre la Casa del Cordón y la Cartuja de Miraflores suele formularse a través de una tradición: el dorado del retablo mayor de la Cartuja se ha relacionado con oro procedente del segundo viaje de Colón, el mismo viaje tras el cual el almirante fue recibido en este palacio.
La recepción de Colón en la Casa del Cordón en 1497 convirtió este palacio en uno de los escenarios burgaleses vinculados al inicio de la expansión castellana al otro lado del Atlántico.
Casa del Cordón, Burgos, 1497
1506: la muerte de Felipe el Hermoso
Nueve años después de la recepción de Colón, la Casa del Cordón fue el escenario de otro acontecimiento que alteró la historia de España: la muerte del rey Felipe I de Castilla, conocido como Felipe el Hermoso, el 25 de septiembre de 1506. Tenía veintiocho años.
Felipe el Hermoso era el marido de Juana I de Castilla — la hija de los Reyes Católicos conocida como Juana la Loca — y había llegado a Burgos en el verano de 1506 como rey consorte de Castilla, en medio de una crisis política intensa. La reina Juana mostraba ya signos de inestabilidad que sus rivales políticos aprovechaban para disputar el control efectivo del reino. Felipe había conseguido que su suegro Fernando el Católico renunciara temporalmente a la regencia, pero su gobierno duró apenas unos meses.
Felipe I murió en la Casa del Cordón la madrugada del 24 al 25 de septiembre de 1506, tras una enfermedad repentina. Las circunstancias exactas de su muerte han sido objeto de especulación histórica: algunos cronistas y después algunos historiadores insinuaron la posibilidad de un envenenamiento, aunque la causa exacta sigue siendo objeto de debate.
Su muerte desencadenó la regencia de Fernando el Católico y la reclusión progresiva de Juana en Tordesillas, donde viviría durante décadas. También fue el inicio del ascenso de Carlos I, el hijo de Felipe y Juana, que heredó Castilla, Aragón, los territorios americanos y el Imperio Habsburgo, convirtiéndose en el monarca más poderoso de la Europa del siglo XVI. Todo eso tiene un punto de origen en esta casa.