Por qué el MEH es una visita imprescindible en Burgos
Hay museos que exponen historia y hay museos que te hacen entender de dónde vienes. El Museo de la Evolución Humana de Burgos pertenece a la segunda categoría. Inaugurado en julio de 2010 y diseñado por el arquitecto Juan Navarro Baldeweg, el MEH existe porque Burgos tiene algo que ninguna otra ciudad del mundo tiene: los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, declarados Patrimonio de la Humanidad y considerados uno de los conjuntos de yacimientos paleoantropológicos más importantes de Europa.
En la planta menos uno del museo están los fósiles originales de esos yacimientos. No réplicas, no reconstrucciones: los huesos reales de poblaciones humanas que vivieron aquí hace cientos de miles de años y, en algunos niveles de Atapuerca, más de un millón de años. Entre ellos, Miguelón —el cráneo número 5 de la Sima de los Huesos, uno de los cráneos fósiles humanos más completos y mejor conservados del registro paleoantropológico— y restos de Homo antecessor, una especie clave para estudiar los primeros poblamientos humanos de Europa occidental.
El resto del museo —las cuatro plantas, los 12.000 metros cuadrados, las proyecciones en gran formato, la réplica del Beagle y las diez figuras de homínidos— es el contexto que permite que esos fósiles tengan sentido. Pero los huesos de la planta menos uno son la razón por la que este museo es único en el mundo.
El edificio: arquitectura que reproduce el paisaje de Atapuerca
El edificio del MEH no es solo un contenedor: es una declaración de intenciones sobre lo que hay dentro. Juan Navarro Baldeweg diseñó un conjunto de tres edificios —el museo propiamente dicho, el Fórum y la pasarela de acceso— sobre el solar donde estuvo el convento de San Pablo de Burgos, de la orden de los dominicos, demolido en el siglo XIX.
La estructura busca deliberadamente reproducir en plena ciudad la topografía de la Sierra de Atapuerca: el acceso se realiza por una rampa que salva un desnivel de cinco metros respecto al nivel de los ríos Vena y Arlanzón —los mismos ríos que rodean la Sierra por el norte y el sur—, y desde la plataforma de entrada hay un mirador sobre el centro histórico de Burgos que ofrece una perspectiva excepcional de las torres de la Catedral.
El revestimiento de cristal en buena parte de las fachadas mantiene al visitante permanentemente conectado con el exterior durante el recorrido, mientras que las fachadas este y oeste tienen una estructura metálica de color rojizo que se ha convertido en el símbolo visual del museo. De noche, con la iluminación, el edificio es uno de los mejores encuadres fotográficos del Burgos contemporáneo visto desde el Puente de San Pablo.
Las estrellas del museo: Miguelón, Elvis y el Chico de la Gran Dolina
En la planta menos uno del museo se encuentran los fósiles que justifican la existencia de todo el conjunto. Están organizados en dos módulos independientes: uno dedicado a los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril y otro a la Sima de los Huesos.
Miguelón: el cráneo más completo del registro fósil mundial
El cráneo número 5 de la Sima de los Huesos, apodado informalmente Miguelón por los investigadores, es un cráneo de Homo heidelbergensis hallado en 1992. Se estima que vivió hace al menos 430.000 años. Es excepcional por una razón concreta: es el cráneo más completo conservado en todo el registro fósil mundial. No faltan piezas, no está deformado por la presión de los sedimentos, no está reconstruido con fragmentos de individuos diferentes. Es un hallazgo excepcional por su conservación y por la información que aporta sobre las poblaciones de la Sima de los Huesos.
La Sima de los Huesos donde se encontró es una pequeña cavidad en el fondo de la Cueva Mayor de la Sierra de Atapuerca, cuyo único acceso es un pozo vertical de 13 metros. En ese espacio reducido se han recuperado miles de restos óseos pertenecientes a una treintena de individuos, tradicionalmente atribuidos a Homo heidelbergensis y relacionados con el linaje neandertal. Es una de las mayores concentraciones de fósiles humanos conocidas.
La pelvis Elvis
Junto a Miguelón, la pelvis Elvis —apodo dado por los investigadores por sus características— es la pelvis de Homo heidelbergensis mejor conservada del registro fósil mundial. Las piezas del esqueleto postcraneal son especialmente raras en el registro fósil porque se conservan mucho peor que los dientes y el cráneo; tener una pelvis completa de esta antigüedad y calidad es extraordinario. Su morfología proporciona información sobre la locomoción, la estatura y posiblemente el parto en esta especie.
El Chico de la Gran Dolina y el Homo antecessor
El otro módulo de la planta menos uno está dedicado a los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril, especialmente a la Gran Dolina, donde en 1994 se descubrieron los primeros restos del Homo antecessor. El fragmento conocido como el Chico de la Gran Dolina —restos de un individuo joven— fue una de las evidencias clave de esta especie, cuya existencia se remonta a aproximadamente un millón de años y que ayuda a entender las primeras ocupaciones humanas de Europa occidental.
En 2022 se presentó un fragmento facial con una antigüedad estimada de entre 1,1 y 1,4 millones de años, aún más antiguo que los restos clásicos de Homo antecessor. Su atribución se ha formulado de forma provisional como Homo sp. u Homo aff. erectus, pendiente de interpretación definitiva. El hallazgo refuerza la importancia de Atapuerca para estudiar las primeras ocupaciones humanas de Europa occidental.
Qué ver planta por planta
Planta –1: Los fósiles originales de Atapuerca
El corazón del museo. Los dos módulos con los fósiles originales de la Sima de los Huesos (Miguelón, Elvis y el resto de los 32 individuos de Homo heidelbergensis) y de la Trinchera del Ferrocarril (el Chico de la Gran Dolina y restos de Homo antecessor). Cada módulo tiene paneles informativos, recursos audiovisuales y vídeos sobre el proceso de excavación. También se explica la fauna asociada a distintos niveles de Atapuerca, con grandes carnívoros, rinocerontes, équidos, cérvidos y otros animales que ayudan a reconstruir los paisajes del Pleistoceno.
Planta 0: Darwin, el Beagle y la Galería de los Homínidos
La planta cero está dedicada a la teoría de la evolución como marco conceptual. El elemento más llamativo visualmente es la réplica a escala real de la popa del HMS Beagle, el bergantín en el que Charles Darwin realizó su expedición entre 1831 y 1836 y que le llevó a formular las bases de la teoría de la selección natural. La réplica permite entrar y ver el espacio de trabajo donde Darwin elaboró sus observaciones.
La Galería de los Homínidos presenta diez reproducciones de extraordinario realismo de distintas especies de homínidos, realizadas por la escultora francesa Élisabeth Daynès, especialista en reconstrucciones paleoantropológicas. Las figuras incluyen desde Australopithecus afarensis hasta Homo sapiens arcaico, pasando por Homo habilis, Homo ergaster, Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis. La calidad de las reconstrucciones —piel, cabello, pigmentación, expresión facial— hace que la galería sea uno de los espacios más impactantes del museo para visitantes de todas las edades.
Planta 1: Los grandes hitos culturales
La primera planta explora los saltos cualitativos en la evolución cultural del género Homo: el control del fuego, el desarrollo del lenguaje articulado, la creación de arte, la fabricación de herramientas cada vez más sofisticadas y las diferencias biológicas y conductuales entre las distintas especies de homínidos. Una sección compara las características físicas y cognitivas de distintas especies a través de materiales interactivos que funcionan especialmente bien con visitantes jóvenes.
Planta 2: Los tres grandes ecosistemas
La segunda planta muestra cómo el género Homo se adaptó a entornos radicalmente distintos a lo largo de su historia: la sabana africana donde surgió el bipedismo, la selva tropical y la tundra-estepa del Pleistoceno europeo. Las recreaciones de los tres ecosistemas con fauna, vegetación y condiciones climáticas reconstruidas dan contexto geográfico a la dispersión de los homínidos por el planeta. Esta planta también alberga salas para exposiciones temporales.